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Ahí va una
reflexión para llenar el corazón....
“Así que, mis hermanos
amados, estad firmes, inconmovibles, abundando en la obra del Señor siempre,
sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.”
1 Corintios 15:58,
Biblia Textual
Entre tantas verdades
que este hermoso versículo nos deja, quiero que reparemos en esta frase
final:
“...vuestro trabajo en
el Señor no es en vano.”
Muchas veces nos
confundimos, y reemplazamos la preposición “en” por la preposición “para”.
Y decimos...trabajo para
el Señor...
Parecería lo mismo, pero
el sentido cambia totalmente, según usemos una u otra.
Mi trabajo para el
Señor habla
de mi dedicación, mi responsabilidad, mis ideas, mis esfuerzos.
Mi trabajo en el
Señor habla
de una permanencia en Jesús, de una confianza en su obrar, en los propósitos
que el pone en mi corazón y yo ejecuto con sus fuerzas y no las mías.
Mi trabajo para el
Señor produce
agotamiento, porque es hecho con mis reservas de fuerza natural.
Mi trabajo en el
Señor tiene
una vitalidad continua, en tanto me mantenga en comunión, en santidad, en
entrega, porque es hecho con las reservas inagotables de su gracia operando
en mí y a través de mi.
Mi trabajo para el
Señor sí es
en vano.
Porque El no se goza en
utilizar mis capacidades naturales. Nada de lo natural puede honrarle. Todo
lo que es natural, de la vieja creación, debe ir a la cruz. Juan lo expresó
muy bien al citar a Jesús: “...separados de mi nada podéis hacer” (15:5b)
Mi trabajo en el
Señor, no es
en vano. Porque habla de estar unido a la vid verdadera, recibiendo la vida
que fluye del Cristo resucitado. Ese es el trabajo que lleva mucho fruto,
fruto que permanece por la eternidad, fruto que da gloria a Dios.
Así que, querido
hermano, te pregunto: Estás trabajando para el Señor, o en el Señor?
De la calidad de tu
respuesta, dependerá la calidad del resultado.
El te bendiga y guíe a
toda verdad.
(HMG)
Tomado de El
Puentecito, Suplemento para Maestros
AñoXX Nº 245
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